En el año 1.939 a propuesta de monseñor Irastorza y Loinaz, obispo diocesano de Orihuela, y estimulados por el rvdo. D. Antonio Roda López, un grupo de oriolanos se reúne para fundar y poner en marcha una nueva hermandad (que desfilará bajo la denominación del “Silencio”) a la que quieren dotar de un ambiente de austeridad, recogimiento y meditación.

La Hermandad situó su sede en la Real, Insigne y Majestuosa iglesia parroquial de Santiago el Mayor, donde se venera la imagen del Santísimo Cristo del Consuelo, titular de la Hermandad.

Para su desfile en procesión la escultura se instala en un trono sobre ruedas, realizado en madera de ciprés, diseñado por Fernando Fenoll Giménez, y tallado por Juan Balaguer Alcaraz, ambos oriolanos.

Jueves Santo 21 de marzo de 1.940, desfila por vez primera la Hermandad del Silencio, impactando profundamente a las gentes oriolanas.

De aquel animoso núcleo fundacional, y de otros muchos veteranos que paulatinamente fueron incorporándose a sus silenciosas filas, apenas nos queda el testimonio vivo de unos pocos, y el recuerdo entrañable de todos los que fueron quedando en el camino.

Pero no es menos cierto, que en el propio curso del tiempo, y estimulados por el ejemplo de aquellos, nuevos hermanos se han ido incorporando a esta añeja Hermandad penitencial, en busca de esa verdad que no encuentran en el mundo insolidario y materialista en el que se mueven.

Más de novecientos hermanos componen la Hermandad del Silencio en la actualidad. Varones con edad superior a dieciocho años, esperan impacientes la llegada de Jueves Santo, y a las once en punto de la noche, con la única luz de la luna de Nisán, vistiendo hábito negro, cíngulo, cruz insignia pectoral y portando farol con mortecina luz, se preparan junto a nuestro Sr. Obispo, diocesano, para realizar el acto más solemne de esta Hermandad en que recorreremos calles y plazas, dando culto a Jesús crucificado.

Con el paso de los años unos estatutos concebidos para avivar la piedad y el sentido penitencial de los fieles, han dado paso a otros, donde se subraya la solidaridad con los marginados del entorno social, para que esa fraternidad que debe caracterizar a los hermanos del Silencio, sobrepase los límites propios y alcance a todos cuantos demandan amor y precisan ayuda.

Mucho ha cambiado el mundo en estas setenta primaveras. También los hombres hemos cambiado, pero Dios, el Cristo del Consuelo, sigue siendo el mismo.